La lógica militar del negocio de la droga
Por John Lindsay-Poland
En las grotescas guerras en que se trenzan las fuerzas armadas mexicanas y los carteles de la droga con los civiles en medio de ellos, el cartel de los Zetas juega un papel horroroso. Nacido de los soldados pertenecientes a las fuerzas especiales mexicanas, entrenadas por Estados Unidos, que comenzaron a trabajar como fuerza de choque para el Cartel del Golfo (“Zeta” era la clave de radio entre los militares), los Zetas se expandieron rápidamente mediante el empleo de métodos de terrorismo contra sus oponentes y contra los civiles: decapitaciones, ahorcamientos públicos, mutilaciones.
Aunque la federación de Sinaloa, otrora el cartel de la droga dominante en México, es responsable por más del 80% de los asesinatos en la guerra de la droga, la exótica crueldad de los Zetas obtiene más cobertura en los medios. El mes pasado, sujetos que se suponen pertenecen a los Zetas incendiaron un casino en Monterrey, con 52 muertos adentro, la mayoría de los muertos mujeres de edad, un acto que el Presidente Felipe Calderón llamó “un acto terrorista”. Pero un policía y el hermano del alcalde de Monterrey también están implicados en el crimen, una muestra de cómo la policía mexicana, soldados y oficiales, frecuentemente son participantes del mismo crimen organizado que los políticos afirman estar combatiendo.
El macabro desafío de los Zetas a la Federación de Sinaloa les ha ganado un lugar en la lista que tienen los Estados Unidos de las organizaciones criminales como objeto de persecución alrededor del mundo, y objetivo central de una ayuda militar estadounidense de mil quinientos millones de dólares a México desde 2008.
Y los Zetas están expandiendo sus operaciones. Un informe reciente de Insight Crime ofrece detalles de los movimientos de los Zetas dentro de Guatemala y ofrece una visión importante de la lógica militar y comercial de los Zetas. Sus ingresos provienen no precisamente de las ganancias de la droga, sino de las contribuciones lícitas e ilícitas provenientes de la actividad comercial en el territorio que controlan. Los que no le paguen a los Zetas “el impuesto” se ven abocados a enfrentar la furia terrible e indefectible de los Zetas. Ellos se sirven de su entrenamiento militar y del acceso que tienen a sofisticadas armas para prevalecer sobre los territorios que controlan.
Los Zetas también han reclutado miembros que pertenecieron a temibles fuerzas especiales guatemaltecas, conocidos como los Kaibiles. Los Kaibiles se ganaron su reputación por la crueldad durante la tentativa de genocidio de los años 80. El pasado julio cuatro miembros de bajo rango pertenecientes a los Kaibiles fueron condenados por su participación en la famosa masacre de Dos Erres en 1982, en la que los soldados violaron mujeres, aplastaron los cráneos de los bebés, y asesinaron 251 lugareños mayas. En realidad los Zetas consideran los métodos de los Kaibiles muy útiles para su expansión.
Por más de dos décadas la asistencia estadounidense al ejército guatemalteco se suspendió o quedó muy limitada debido a estas acciones. Ahora, no solamente Estados Unidos está ayudando al ejército de Guatemala, sino que está dando asistencia a los Kaibiles. El año pasado, los Cuerpos de Ingenieros del Ejército les rehabilitaron unas barracas a los Kaibiles en Poptun, una remota aldea en la provincia noroccidental de la provincia de Peten, donde se encuentra el sitio de entrenamiento de los Kaibiles, denominado /El Infierno/. En 2009 el Comando de Operaciones Especiales financió otra construcción dentro de la base. Los funcionarios de la embajada de Estados Unidos que visitaron la base de Poptun en octubre de 2009 escribieron un encendido elogio de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos que estaban viviendo conjuntamente con las fuerzas de los Kaibiles y de sus operaciones antidrogas. El pasado septiembre, un escuadrón de 40 marines estadounidenses se desplazaron hasta la base de los Kaibiles en Poptun para entrenar allí a los soldados.
“Los carteles de la droga están constituidos por guatemaltecos dirigidos por carteles como los Zetas y los del Golfo. Muchos de los miembros de bajo rango en los carteles fueron entrenados en la misma escuela militar localizada en Poptun, Peten,” le dijo un funcionario gubernamental a Global Post en junio. Soldados del antiguo Kaibil “siguen órdenes, asesinan, utilizan estrategias militares, para persuadir a la gente,” declaró el funcionario.
En este momento, según Insight Crime, los Zetas han establecido una base en la misma pequeña aldea de la selva en donde las tropas estadounidenses han estado entrenando los soldados de una unidad ligada a los Zetas.
¿Qué otra mejor demostración existe de la perversa lógica de la guerra de las drogas? El entrenamiento por parte del ejército de Estados Unidos de jóvenes mal pagados con pocas opciones de trabajo se mete directamente en el juego de los narcotraficantes. El presidente Obama dijo en septiembre que “no creo que los mexicanos quieran vivir en una sociedad en donde los señores de la droga se conviertan en los individuos más poderosos de la sociedad.” Hablaba contra las propuestas de rebajar la guerra en México, pero hubiera podido también decir lo mismo sobre los efectos que la actual guerra de la droga ha producido.
Es ya tiempo de revaluar la política de Estados Unidos sobre la droga en México y Guatemala, dejar de apoyar los métodos de asesinato que terminan sirviéndoles a los traficantes, y en su lugar, promover una estrategia de salud pública contra el abuso de la droga.

